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El psicoanálisis en México.

Haré un poco de historia para ubicar nuestra situación nacional. El psicoanálisis fue un invento centroeuropeo y, partir de esa zona geográfica, se expandió gradualmente al resto de Europa continental e Inglaterra, luego se trasladó a América y otras partes del mundo influenciadas por Occidente. En consecuencia, su aparición no fue simultánea. En España, por ejemplo, apareció de manera tardía por la prohibición franquista. México fue un caso semejante en América, por razones de tendencias migratorias de los europeos que se polarizaron en los Estados Unidos al norte y Argentina al sur. Marie Langer casi viaja a México, pero la visa cardenista llegó posterior a la uruguaya, y su solicitud fue un caso aislado vinculado a su participación en la guerra civil española. Por ello, el psicoanálisis en este país inicia en los cincuentas, tiempo en que retornaron aquellos médicos que fueron a entrenarse al exterior: a Argentina, Estados Unidos o Europa y que formaron lo que después sería la Asociación Psicoanalítica Mexicana, filial de la International Psychoanalitic Association (IPA), lo cual marca una semejanza con la historia norteamericana donde inicia como práctica clínica de los médicos, y una diferencia con la historia argentina donde inicia como un movimiento ligado a la cultura y que, quizá por ello, alcanzó una difusión más amplia entre la población.

En este caso se repitió la aseveración de Alfonso Reyes de que México solía llegar tarde a los banquetes de la civilización.

Ese grupo fundador de psicoanalistas, de claro origen médico-clínico, tuvo la capacidad de no quedarse encerrado ahí y logró vincularse creativamente con algunas de las grandes preguntas y polémicas que circulaban en ese momento en la cultura nacional, especialmente en las investigaciones del carácter mexicano, aunque a posteriori puedan ser muy criticables en su metodología.

También, a tono con el país, tuvo influencias teórico-técnicas diversas: la perspectiva kleiniana traída por aquellos entrenados en Argentina, la perspectiva de la psicología del yo traída de los Estados Unidos, y el enfoque neofreudiano entonces dominante en Francia. Ninguno predominó. Más que polémica teórico-técnica hubo acuerdos a tono con las costumbres nacionales. El psicoanálisis se volvió mestizo, como el país, pero perdió profundidad al negarse a confrontar polémicas entre escuelas, y ni hablar de polémicas ideológicas que eran imposibles en un gremio y un país predominantemente conservador.

Los más creativos fueron algunos de los entrenados en Argentina, especialmente dos: Santiago Ramírez y José Luis González, ambos estimulantes maestros de muchas generaciones de psicólogos y psicoanalistas; Santiago autor además de libros fundamentales sobre el carácter mexicano, y José Luis promotor de ampliaciones al psicoanálisis individual ortodoxo: la psicoterapia de grupo, de pareja, de familia, de instituciones, el psicodrama y las intervenciones intensivas, así como de la creación de instituciones, como la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG) que desarrollará estos nuevos enfoques en su enseñanza y práctica clínica.

Aunque los fundadores eran todos médicos, según la ideología dominante en la asociación norteamericana, prácticamente no tuvieron influencia entre los estudiantes de Medicina, ya que esa Facultad estaba dominada por los frommianos, por lo cual buscaron y encontraron espacios alternativos en la Facultad de Psicología y en la de Ciencias Políticas, así como en el entrenamiento de psicoanalistas y terapeutas psicoanalíticos en asociaciones privadas. Tampoco influyeron mayormente en la psiquiatría oficial, debido a su conformación caciquil y biologista que rechazaba ideológicamente el psicoanálisis y le representaba una fuente de rivalidades. Los psicoanalistas encontraron, empero, un espacio de influencia inesperada en la psiquiatría militar, sin que llegara a generarse un Menninger.

Con los años los espacios en lugar de aumentar han disminuido, por la dificultad de combinar la práctica liberal privada con las demandas de un trabajo institucional, amén de que los psicoanalistas participan menos en las polémicas nacionales y de la cultura. El psicoanálisis mexicano padece, en consecuencia, del mal del aislamiento, vieja dolencia de las instituciones psi. No ha mostrado mayor capacidad de creación teórica original, sino se ha quedado como importadora neta. En cambio ha mostrado mucha capacidad de desarrollo en la práctica clínica, cuando menos en instituciones alternativas como la AMPAG, y es a partir de ahí que se han generado publicaciones de prácticas y modelos de trabajo originales como el libro colectivo que publicamos sobre las experiencias de trabajo con las víctimas de los temblores de 85 en la Ciudad de México (Campuzano, M.; Carrillo, J. A.; Díaz Portillo, I.; Döring, R.; Dupont, M. A.; Islas, L.; Jinich, A.; Pardo, C.; Siniego, A.; Tubert, J., Psicología para casos de desastre. Editorial Pax, México, 1987), así como el que recientemente he publicado, con María Carmen Bello sobre la práctica de los grupos de admisión y la psicoterapia de grupo en las Clínicas de la AMPAG (La psicoterapia de grupo en las instituciones. Psicoanálisis y psicodrama: alternativas complementarias. Plaza y Valdés Editores, México, 2004); otros ejemplo son el modelo para la psicoterapia de grupo de niños que han desarrollado Marco Antonio Dupont y Adela Jinich (Psicoterapia grupal para niños, Editorial Universidad de Guadalajara y Asociación Psicoanalítica Jalisciense, México, 1993), y las investigaciones del vínculo materno-infantil realizadas por Juan Vives y Teresa Lartigue (Apego y vínculo materno-infantil, Editorial Universidad de Guadalajara y Asociación Psicoanalítica Jalisciense, México, 1994).

Situación actual.

Las asociaciones filiales de la IPA (hoy son dos: una en México y otra en Monterrey) siguen siendo un eje fundamental en el movimiento psicoanalítico mexicano, pero numéricamente predominan aquellas otras instituciones que no pertenecen a la IPA y que están orientadas a la enseñanza y práctica de la psicoterapia psicoanalítica individual con orientación freudiana o kleiniana, así como la AMPAG que realiza la enseñanza simultánea de la psicoterapia analítica individual y grupal. En el pasado la historia psicoanalítica nacional se caracterizó por la rivalidad y confrontación entre “los psicoanalistas ortodoxos” de la IPA y los “frommianos”, un grupo de psicoterapeutas nucleados alrededor de Erich Fromm que estableciera su residencia en México para dirigir esa escuela de enfoque culturalista. La muerte de su carismático líder y las carencias técnicas de sus seguidores han dado lugar a su decadencia, y hoy el panorama no es de dos asociaciones en pugna sino de muchas asociaciones con amplia interrelación y convivencia. En la última época se han agregado múltiples escuelas lacanianas, generalmente más pequeñas y laxas en su organización, que tienen poca relación con las anteriores. El panorama psicoterapéutico nacional se completa con la existencia de varias escuelas de terapia familiar, generalmente de orientación

sistémica; de escuelas de psicodrama, de predominante orientación moreniana; y de múltiples escuelas corporalistas de diversa orientación teórico-técnica, así como un creciente número de terapeutas de orientación conductual-cognocitivista.

El psicoanálisis mexicano se encuentra actualmente en una etapa de madurez y de posibilidades creativas amplias. Sin embargo, este crecimiento tiene fuerzas opuestas que la limitan, sobre todo de orden económico y cultural.

El desarrollo del psicoanálisis grupal en México.

El psicoanálisis individual, como reseñamos antes, se desarrolló en México desde los 50’s al conformarse una asociación filial de la International Psychoanalytical Association (IPA) con los psicoanalistas mexicanos retornados al país tras estancias de cuatro a diez años en el extranjero con el propósito de obtener entrenamiento formal en ese campo. Y confluyeron tres enfoques en dicha asociación: el de la psicología del yo en aquellos que se entrenaron en Estados Unidos, el neofreudiano dominante en esa época en Francia y el kleiniano en aquellos venidos de Argentina, el subgrupo además mayoritario.

En los 60’s se conforma la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG), sede institucional de la enseñanza y práctica del psicoanálisis grupal en México. Aquí la homogeneidad fue mayor: los fundadores compartían el marco teórico kleiniano, el enfoque técnico de la psicoterapia del grupo y un común origen formativo en Argentina. Trataré de definir las peculiaridades de su desarrollo ulterior en el país.

La integración del psicoanálisis individual y grupal.

En varias de las experiencias fundacionales el psicoanálisis grupal se trató de deslindar, teórica e institucionalmente, del psicoanálisis individual. Caso paradigmático es el de Foulkes, que siempre insistió en ese deslinde y hasta creó un neologismo para su enfoque: grupoanálisis.

En el caso de México la situación fue la opuesta, derivada de la experiencia personal de José Luis González que, durante su entrenamiento en Argentina cuando se analizaba en forma individual con Garma, fue invitado a participar en un grupo terapéutico que Emilio Rodrigué formó con los candidatos de la Asociación Psicoanalítica Argentina no argentinos para que conocieran vivencialmente el psicoanálisis grupal.

Esa experiencia generó en José Luis la convicción de que el mejor entrenamiento para un psicoanalista tendría que incluir el dominio de las dos técnicas y la exposición terapéutica personal en ambas modalidades. Así lo quiso realizar en la APM donde no encontró la comprensión institucional para hacerlo, lo cual obligó a crear una nueva asociación psicoanalítica, la AMPAG, que incluyó en su curricula los elementos necesarios teórico-técnicos, de supervisión clínica y de análisis didáctico para lograr una buena formación simultánea en psicoterapia analítica individual y grupal en un programa de cuatro años de duración.

En mi opinión, las características más sobresalientes del desarrollo del psicoanálisis grupal en AMPAG han derivado de su institucionalización, que ha generado facilidades y exigencias para la enseñanza y la práctica clínica bajo el enfoque formativo de un psicoanalista dual -individual y grupal- con una perspectiva kleiniana, originalmente en la línea técnica de la psicoterapia del grupo y luego en una línea interaccional individuo-grupo donde se ha integrado a la perspectiva psicoanalítica la del psicodrama y la del análisis institucional.

A esto tiene que agregarse una modificación política substancial impulsada tempranamente por José Antonio Carrillo: un gobierno colegiado de maestros y alumnos donde se busca establecer una utopía interesante: una sociedad democrática y participativa, sin apoyo a los abusos de poder pero con jerarquías definidas, es decir, igualdad de oportunidades pero aceptación de las diferencias derivadas del trabajo, talento y experiencia.

Naturalmente esta utopía democrática, participativa y jerarquizada, ha topado con resistencias expresadas en formas opuestas: en lugar de democracia, autoritarismo o anarquismo; en lugar de participación, aislamiento e individualismo; en lugar de jerarquización edípica, intentos de igualitarismo preedípico.

La institucionalización heterodoxa de la psicoterapia del grupo.

Por la homogeneidad teórico-técnica de los fundadores, la AMPAG pasó a ser la institucionalización en México del enfoque de Grinberg, Langer y Rodrigué, situación que no sucedió en el país de origen.

En la curricula, sin embargo, esta homogeneidad no se reflejó como dogmatismo: siempre se incluyó la lectura y discusión de otros enfoques, por ejemplo, el de Foulkes y el de autores norteamericanos y franceses. El marco teórico se volvió multidisciplinario y el enfoque técnico también. Varias preguntas (planteadas por José Antonio Carrillo) definieron la crisis teórico-técnica:

¿Es suficiente con el psicoanálisis para comprender y operar sobre los procesos de los grupos terapéuticos o se necesita el concurso de varias disciplinas?, ¿es suficiente con las disciplinas psicológicas o se necesita también el concurso de las disciplinas sociales?, ¿es suficiente con las técnicas verbales-interpretativas o se requieren también técnicas de acción, especialmente psicodramáticas?

El resultado fue un marco multi e interdisciplinario, con el psicoanálisis como organizador central, con inclusión de la dimensión social y con la práctica simultánea de técnicas verbales y de acción, en este último caso no sólo en las sesiones ordinarias sino muy especialmente en sesiones prolongadas intensivas que buscan la movilización de las resistencias y la activación general del proceso analítico. Este proceso de búsqueda y definición quedó plasmado en varios artículos.También se ha reflejado en la curricula del Instituto de Enseñanza.

La última crisis teórico-técnica se dio con relación al marco teórico fundante, de la psicoterapia del grupo, pasándose a una perspectiva interaccional individuo-grupo donde al individuo se le interpreta su historia y su psicopatología (nivel vertical o diacrónico) y al grupo se le interpreta su proceso, su dinámica, su historia colectiva y su correlación con las historias individuales (nivel horizontal, sincrónico o de la realidad psíquica grupal).

Esta perspectiva integrativa más que disociativa ha sido generada, seguramente, por la influencia del modelo kleiniano de cura (que busca la integración de las partes escindidas) y por el ambiente cultural e ideológico de un país con amplio mestizaje.

La práctica y la teoría del análisis institucional.

A poco de formada la AMPAG se le hace un pedido inusitado: la intervención institucional a un Convento de Benedictinos, solicitada por su prior, Gregorio Lemercier. La intervención causa un escándalo mundial: el Vaticano trata de suspenderla, sin éxito en los intentos iniciales gracias a la extraordinaria defensa realizada por Lemercier; finalmente se impone la prohibición del Vaticano. El Convento desaparece como tal y se vuelve un centro laico. Los monjes abandonan los hábitos. El equipo interventor también termina en crisis y uno de sus miembros muere por infarto cardiaco al poco tiempo.

Esta experiencia, tragedias incluidas, destacó la importancia de los factores institucionales y su posibilidad de abordaje mediante técnicas apropiadas que pueden incluir elementos psicoanalíticos. Bajo esta perspectiva se realizaron desde temprana época intervenciones institucionales externas, generalmente cada dos años. Las primeras fueron hechas por Rodrigué y Ulloa, más tarde se hicieron varias intervenciones autogestivas alternadas con intervenciones externas donde han participado Lourau, los Martínez Bouquet y recientemente Ana María Fernández.

Con los grupos de estudiantes también se realizan periódicamente este tipo de intervenciones, aquí con interventores locales, y en los últimos años se ha creado la figura de “tutor de grupo” cuya función es trabajar con las ansiedades y conflictos del grupo de alumnos, así como las generadas en su relación con la institución.

Hay algunos seminarios dedicados al estudio de grupos no terapéuticos y al análisis institucional, aunque sólo a nivel informativo e introductorio. El que quiere abordar a fondo este campo tiene que hacerlo en forma autodidáctica. Lo mismo sucede en relación con la terapia psicoanalítica de parejas. La psicoterapia de familias no se aborda en AMPAG y en el exterior hay instituciones dedicadas a este tema con un enfoque sistémico; algunos de nuestros alumnos tienen previamente este entrenamiento.

El programa de enseñanza.

El entrenamiento psicoanalítico individual clásico tiene tres ejes: los seminarios teórico-técnicos, la supervisión o control de casos clínicos y el análisis didáctico personal. Este esquema conforma un saber, como se ha destacado, sobre el inconsciente (esencialmente en los seminarios) y del inconsciente (esencialmente en el análisis personal).

En el caso de la enseñanza de la psicoterapia analítica de grupo en AMPAG, con una duración de cuatro años, los seminarios teóricos y técnicos y las supervisiones comprenden siempre el psicoanálisis individual y el grupal; en cuanto al análisis didáctico es obligatorio en grupo y se estimula haya también experiencias en individual y dura, mínimo, el tiempo de seminarios, si bien se estimula que su duración y forma respondan esencialmente a las necesidades clínicas específicas. Hemos agregado otras instancias de enseñanza: la coterapia con un experto o con un par en un grupo de tiempo limitado a dos años en la Clínica de la Asociación y las experiencias vivenciales en el tiempo de formación que comprenden: técnica de grupo operativo en algunas sesiones de tutoría o algunos seminarios, psicodrama en los dos últimos semestres de técnica grupal, participación en grupos grandes de análisis institucional en la asociación y en grupos pequeños en la generación (y aprendizaje de diseños y conducción del trabajo en las experiencias autogestivas), participación con derecho de voz y voto en las asambleas societarias, participación en el gobierno colegiado o cogobierno, participación en talleres autogestivos de diversa temática (trastornos psicosomáticos, terapia de parejas, terapia de adolescentes, terapia grupal de niños, como ejemplos actuales) y en los talleres institucionales de investigación.

Las Clínicas de la asociación.

El desafío de la práctica clínica se asumió desde el origen de la AMPAG. Inicialmente se realizó en los consultorios privados de los maestros, como observadores silenciosos, durante un año, de sus grupos de tiempo ilimitado. La experiencia no fue satisfactoria y motivó la fundación de una primera Clínica societaria abierta al público con cuotas menores a las privadas. Ahora ya existen dos, y en ellas los alumnos que no tienen posibilidades inmediatas de formar grupos en sus consultorios privados realizan sus prácticas clínicas. En psicoterapia individual tienen que supervisar cuatro años, tres años en subgrupos de máximo cuatro candidatos donde supervisan cortes transversales de sus casos y un año final de supervisión individual de un caso continuo. En cuanto al control de grupos terapéuticos, se supervisan dos, durante dos años cada uno (pueden ser simultáneos o secuenciales). Uno será en coterapia de pares (supervisada) o en coterapia con un experto (con un tiempo ulterior de discusión clínica, equivalente a la supervisión), el otro será de conducción individual en alguna de las Clínicas de la Asociación o en el consultorio privado, también bajo supervisión clínica.

En la práctica docente nos dimos cuenta que había un espacio demasiado grande entre los conocimientos obtenidos en los seminarios y el desafío de coordinar un grupo terapéutico. Por ello instalamos en el programa de enseñanza instancias intermedias de aprendizaje:

En el tercer semestre instalamos la observación de videos de grupos de admisión y la observación directa de grupos de admisión de la Clínica. Las Clínicas tienen como práctica institucional la admisión grupal y, en general, después de tres sesiones (de intervalo semanal) son derivados a los grupos de tiempo limitado a dos años de duración, con derecho a repetición en aquellos pacientes que lo requieran.

En el cuarto y quinto semestre, después del seminario de técnica grupal, participan -con sus docentes- en la observación en Cámara de Gessel de un grupo terapéutico de tiempo limitado a diez meses que conduce el titular de la cátedra. Después de la sesión terapéutica, de hora y media, se tiene media hora de discusión clínica entre los alumnos y los dos docentes del seminario, uno de los cuales es el terapeuta del grupo y el otro es quien explica el proceso a los alumnos tras el vidrio unidireccional. Todos se reúnen al final a discutir y conceptualizar la experiencia.

La interacción entre la práctica del consultorio privado y la práctica en la Clínica con grupos de dos años de duración.

Con la fundación de la primer Clínica de AMPAG en 1977, abierta a la comunidad con cuotas menores a la de la práctica privada, se logró un espacio de práctica clínica institucional para los estudiantes y de investigación para todos.

En lo que respecta a la práctica con grupos terapéuticos se inicia ahí un proceso de discriminación entre las distintas necesidades y posibilidades en la práctica institucional pública y en los consultorios privados. Como la experiencia acumulada era la de los consultorios privados se trasladaron de manera mecánica al nuevo ámbito reglas inadecuadas que, poco a poco, se fueron corrigiendo.

En aquel entonces la práctica privada era de pequeños grupos de máximo ocho integrantes, de ambos sexos, con diversidad de patologías emocionales, que se reunían durante 1.20 hrs. dos veces a la semana por tiempo indefinido. La estancia de los pacientes era larga, con promedios entre 5 y 10 años.

Con el tiempo la influencia se fue dando también en sentido inverso: de la práctica pública a la privada y eso ha permitido adaptarse a las nuevas condiciones de la práctica privada determinadas por problemas económicos, escasez de tiempo y horarios neoliberales de trabajo hasta muy noche. Hoy la práctica privada dominante también es de una sesión a la semana, de 1.40 a 2 horas de duración y una práctica psicoanalítica donde el tema del diagnóstico psicodinámico de tipo estructural es una guía fundamental y donde, si bien no se requiere una focalización como en la terapia breve, sí se establecen líneas terapéuticas de trabajo según la psicopatología de cada caso, manteniendo la preocupación simultánea por la dinámica del conjunto grupal.

El grupo RED (Recepción, Evaluación, Derivación).

En la práctica pública generada por la Clínica se fue dando un modelo de recepción grupal a los pacientes de primera vez (grupo de admisión o grupo RED, por las siglas de sus objetivos: recepción, evaluación y derivación) con tres sesiones semanales de 1 1/2 a 2 horas de duración para después pasar, aquellos pacientes considerados analizables y agrupables, a los grupos terapéuticos de tiempo limitado, de 8 a 10 miembros, planteados a dos años de duración, con posibilidades de repetir en otro grupo a aquellos pacientes que así lo requieran. Estos grupos de tiempo limitado son manejados con técnica de focalización, propia de la terapia breve psicoanalítica, para lograr beneficios terapéuticos en el tiempo establecido. Muchos de estos grupos sirven a propósitos de enseñanza, otros a la investigación y algunos sólo a propósitos asistenciales. En el transcurso de estos dos años suelen realizarse una o dos sesiones largas (de 8 horas de duración) e intensivas, con propósitos de movilización, y con predominio de uso de técnicas psicodramáticas; en estas sesiones se conserva también el criterio de focalización y ahí se profundiza, elabora o amplía el foco o focos establecidos para cada paciente.

Conclusiones.

Este es el resumen de mi visión de la institución mexicana originaria de la enseñanza, práctica e investigación con grupos terapéuticos psicoanalíticos, generada por el impulso creador de los fundadores y el impulso utopista de las generaciones de los 60’s y 70’s. La integración de las generaciones posteriores, influidas por los tiempos neoliberales y postmodernos, ha sido difícil y poco clara, con altibajos. Su integración a este diseño institucional, o el cambio de ese diseño en base a las necesidades de los nuevos tiempos y generaciones, es algo sujeto siempre a la posibilidad del cambio pero que, hasta el momento, sigue siendo mayoritariamente conservada.

(*) Médico, psiquiatra, psicoanalista. Miembro pleno de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG).

Ciudad de México, abril del 2006. Mario Campuzano