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La COVID trastornó el mundo. Nos detuvo, nos apanicó, nos enclaustró. De un momento a otro y, casi sin darnos cuenta, tuvimos que adaptarnos, sobrevivir lo mejor posible con las herramientas físicas, económicas y emocionales con las que contábamos. Ha sido, sin duda, una labor de resistencia en la que, por desgracia, las mujeres se han llevado la peor parte como lo aseguran las cifras de la ONU en términos de aumento de responsabilidades, estrés, desempleo, salud emocional y violencia.

De acuerdo a las estadísticas de ONU Mujeres “antes de que comenzara la crisis por Covid-19, las mujeres hacían casi tres veces más trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres.” A partir de la pandemia esta labor se incrementó aún más dado que, al estar trabajando desde casa, requieren estar atentas a las clases de los niños, sobretodo si son pequeños, a sus necesidades de descanso y alimento entre clase, a jugar con ellos porque ya no hay amigos y en el caso de quienes viven en pareja, la casa pasó de ser un lugar “tranquilo” durante los horarios laborales y escolares a convertirse en un espacio altamente demandante, en todos los sentidos.

Solo para dimensionar esta situación, la revista Forbes (2020), con base en la investigación de Deloitte Global, afirma que el 82% de las mujeres se han visto afectadas de manera negativa por la pandemia del Covid-19, debido a que, en el caso de mujeres con hijos su responsabilidad se ha incrementado en 58%; el cambio de rutina las ha impactado un 40% en la capacidad para equilibrar los compromisos laborales y personales, 40% en su bienestar físico y 39% en su bienestar mental.

En cuanto al desempleo, también han salido más afectadas que los varones, por que si bien, de acuerdo a la ONU, el 70% de los trabajadores de la salud y personal de emergencia son mujeres, en México solo cuatro de cada 10 trabajan y el 53% de ellas están empleadas en negocios de hospedaje y alimentos, comercio al por menor y otros servicios que han suspendido o disminuido considerablemente sus labores debido a la pandemia.

Como es de esperarse, la limitación económica trae como consecuencia un menor acceso tanto a la educación como a la salud y en términos de pandemia esto hace una gran diferencia, pues si bien las pruebas y los servicios médicos están disponibles para todos, en el mundo real el costo de las pruebas, los tratamientos, el oxígeno y la recarga del mismo implican invertir una suma considerable.

En este tenor llaman la atención dos datos de la ONU Mujeres:

  1. Se espera que en 2021 haya 118 mujeres de 25 a 34 años en pobreza extrema por cada 100 hombres de 25 a 34 años en pobreza extrema en todo el mundo, y esta proporción podría aumentar a 121 mujeres pobres por cada 100 hombres pobres para 2030.
  2. Las mujeres pobres y marginadas enfrentan un riesgo aún mayor de transmisión de COVID-19 y muertes, pérdida de sus medios de vida y aumento de la violencia

El cierre de las escuelas por el confinamiento se ha sumado a quitar oportunidades a las niñas, la UNESCO estima que 11 millones de niñas dejaron de ir a la escuela en 2020, situación que la organización calificó como “alarmante”, por la posibilidad de sufrir embarazos adolescentes, matrimonios forzados y ser víctimas de violencia.

Finalmente este rubro es el que más preocupa, particularmente en el caso de la violencia intrafamiliar la pandemia despojó a mujeres y niñas de sus espacios seguros como trabajos, escuelas y redes de apoyo tales como maestros, amigos, compañeros de trabajo. Las estadísticas no mienten, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, considera que México es de los países con las tasas más altas de asesinatos de mujeres en el mundo.

En abril de 2020 hubo un total de 337 mujeres asesinadas, según el análisis de Intersecta de los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Esta proporción significó, en promedio, 11.2 mujeres asesinadas por día. Para julio del año pasado ONU Mujeres alertó que la violencia había aumentado un 60%.

Frente a esta realidad por demás desesperanzadora, las mujeres han perdido también espacio físico, en el caso de las amas de casa su hogar que era casi de su uso exclusivo una buena parte del día ahora está invadido por toda la familia y las que ahora hacen home office han perdido en absoluto su privacidad laboral, hecho que repercute en altos niveles de estrés, falta de tiempo personal y mayor desgaste tanto físico como mental.

Las mujeres han demostrado tener una mayor prevalencia a padecer trastornos del sueño, depresión y ansiedad. Según el estudio Burnout Britain elaborado en Reino Unido, el nivel de ansiedad en las mujeres ha aumentado un 49%.

De acuerdo al estudio realizado por Kantar, agencia líder mundial de consultoría e insights, a través de su estudio global “What Women Want” aplicado en México, revela que las mujeres aún se sienten atrapadas en cuanto a la autonomía y la autoexpresión. Kantar detectó cinco aspectos que tienen un rol en el aumento de la autoestima de una persona:

Dados los antecedentes anteriores, el contexto actual nos obliga a poner mayor atención en la situación femenina, urge fomentar espacios donde puedan atender tanto su salud física como emocional y que, al mismo tiempo, les permitan volver a tejer las redes grupales de apoyo con las que contaban previo a la pandemia.

En AMPAG estamos listos para atender estas necesidades de mujeres y niñas. No dudes en buscar el apoyo de nuestros especialistas.



Referencias:

  • Murray, Nic (octubre, 2020) Burnout Britain: overwork in an age of unemployment recuperado de https://www.compassonline.org.uk/publications/burnout-britain-overwork-in-an-age-of-unemployment/
  • Kantar, (3 de marzo 2021) ¿Cuáles son los factores que contribuyen a la autoestima de la mujer mexicana? Recuperado de www.kantar.com